La Encina o Carrasca

La encina, carrasca o roble de hoja perenne es un árbol conocido científicamente como Quercus ilex L. y pertenece a la familia de las Fagáceas. En España crece de forma silvestre en las zonas de clima más suave, donde también es muy común en parques, jardines y avenidas.

Principalmente encontramos a la encina o carrasca en los países de la cuenca mediterránea, aunque también crece silvestre en otras partes del mundo. En muchas ocasiones crea pequeños bosques asociada a otras especies de su familia, como los robles o también los alcornoques.

El parecido del follaje con el del acebo común europeo, Ilex aquifolium, ha dado lugar a sus nombres comunes y botánicos. El nombre “ilex” era originalmente el nombre clásico en latín de la encina, pero posteriormente se adoptó como nombre de género botánico para el acebo.

Descripción de la encina o carrasca

La encina o carrasca es un árbol perenne de hoja ancha, de hasta 20-25 m de altura, desarrollando en espacios abiertos, una enorme copa de ramas frondosas de la misma anchura. Es muy longevo, pudiendo llegar a ser centenario, pero tiene un crecimiento muy lento.

Su tallo raramente es recto y puede ser simple o estar dividido desde la base, adoptando en entornos rocosos el aspecto de un arbusto.

La corteza de la encina o carrasca

La corteza del Quercus ilex es lisa y gris cuando es joven; con el tiempo se va oscureciendo y agrietando en pequeñas secciones.

corteza árbol carrasca o encina
Detalle de la corteza del árbol quercus ilex.

Las ramas del año son pubescentes y grises, pero al poco tiempo se vuelven glabras y de color gris verdoso.

Las hojas del Quercus ilex

Las hojas de la encina o carrasca son simples, coriáceas y con los márgenes dentados o enteros. Su forma es muy variable, de lanceolada a elíptica, siendo redondeadas en la subespecie quercus rotundifolia.

La parte superior de las hojas es verde oscuro y brillante, mientras que la inferior grisácea y marcadamente tomentosa, similar a la del Quercus suber con tricomas que ocultan los estomas. El pecíolo es corto, peludo y provisto de estípulas parduzcas, lineales y pronto caducas.

Las hojas permanecen en la planta 2-3 años y miden de 3 a 8 cm de largo y de 1 a 3,5 cm de ancho. El nervio medio de las hojas de la carrasca es recto y tiene entre 7 y 11 pares de venas laterales.

hojas quercus ilex
Imagen de las punzantes hojas de la encina.

Las flores del árbol encina o carrasca

La encina es una planta monoica, por lo que genera flores masculinas y femeninas alrededor de los 10 años de edad.

Las flores masculinas se unen en amentos colgantes, cilíndricos y pubescentes, tienen un perianto con 6 lóbulos y de 6 a 8 estambres. Los amentos masculinos miden entre 5 y 7 cm de largo y se ubican en la base de las ramas del año.

Las flores femeninas se presentan en espigas pedunculadas compuestas por 6-7 flores, cada una con un perianto hexalobulado y 3-4 estigmas.

La floración se produce a finales de la primavera (de abril a junio), un período de intensa actividad prolífica de los insectos polinizadores, a los que les gusta especialmente el néctar de la encina.

flores encina o carrasca
Imagen de las flores de la especie quercus ilex.

Los frutos de la encina o carrasca

Los frutos de la encina se llaman bellotas y se posicionan de forma individual o en grupos de 2 a 5, sobre un pedúnculo de unos 10-15 mm de longitud. Son de color marrón oscuro cuando están maduras y sus dimensiones oscilan entre 1,5 y 3 cm de longitud y 1-1,5 cm de ancho.

En el ápice de cada bellota hay un robusto mucrón. Las bellotas están cubiertas en un tercio o la mitad de su longitud por una cubierta escamosa.

Las bellotas de la encina o carrasca maduran en el mismo año que las flores, pero en otoño.

frutos quercus ilex
Imagen de los frutos de la encina o carrasca.

Las raíces de la carrasca

Sistema radicular de la encina o carrasca es robusto y se desarrolla en los primeros años de vida, penetrando varios metros en el suelo.

Esto se traduce en una notable resistencia a la sequía, pero también en los problemas de trasplante, que esta especie soporta mal.

Las raíces laterales de la carrasca también pueden ser muy fuertes y en muchas ocasiones emiten chupones.

La madera del Quercus ilex

La madera tiene una porosidad difusa, el duramen es de color rojizo y la albura es de color claro. Además, la madera del Quercus ilex es dura, densa, pesada, propensa al alabeo y difícil de trabajar. Se utiliza principalmente como combustible y en la producción de carbón vegetal.

La madera de encina o carrasca es una de las más tánicas que se conocen. Los taninos son sustancias químicas desinfectantes amargas y de color oscuro. Cuando se clava una punta de hierro en madera de encina recién cortada, al cabo de unas horas se puede observar una pequeña mancha azul alrededor del clavo. Esta mancha es una coloración de la madera debida a la reacción de los taninos con el hierro y es un fenómeno típico de ésta y otras plantas tánicas.

Variedades de Quercus ilex

En el árbol Quercus ilex se pueden diferenciar dos subespecies:

  • Quercus ilex subsp. ilex. Variedad originaria de la zona que va desde el este de la Península Ibérica hasta la Costa Azul y Grecia. Tiene las hojas muy juntas y bellotas de 2 cm de longitud, con un sabor dulzón.
  • Quercus ilex subsp. rotundifolia (Quercus rotundifolia, Quercus ballota). Es originaria de la zona que va desde el sur de la Península Ibérica hasta el noroeste de África. Tiene hojas escasas y bellotas de 2,5 cm de longitud y sabor amargo.

Distribución y hábitat del Quercus ilex

La encina o carrasca crece silvestre en toda la cuenca mediterránea, faltando sólo en Egipto (en Libia probablemente fue introducida por el hombre). Conforme avanzamos hacia el occidente mediterráneo africano, la encina se hace más presente, especialmente en Argelia y Marruecos.

No escasea en toda la Península Ibérica, donde es uno de los principales árboles de la dehesa. También es abundante en la Francia mediterránea y en Italia, donde forma bosques puros de tamaño considerable.

En el sector mediterráneo oriental, a partir de los Balcanes y hasta las costas turcas del Mar Negro, se encuentra por el contrario, en bosques asociadas con otras especies forestales y sólo en ubicaciones con una humedad adecuada.

La encina es uno de los representantes más característicos de los encinares mediterráneos y es el representante más típico del Quercetum ilicis, es decir, de la vegetación del cinturón mediterráneo templado.

En cuanto al sustrato, esta especie no tiene excesivos requerimientos particulares. Sin embargo, prefiere suelos no demasiado húmedos y con un buen drenaje.

Tiene un mayor crecimiento en los suelos volcánicos y en las zonas costeras, mientras que en los suelos rocosos calcáreos crece menos. En las zonas interiores más húmedas presenta un crecimiento atrofiado y a menudo se ve superado por otras especies mejor adaptadas.

Usos de la encina o carrasca

El uso casi exclusivo de los encinares es la tala de árboles para obtener leña. No presenta problemas de renovación por semilla, teniendo en cuenta además, la tolerancia de los ejemplares jóvenes a la sombra.

Las bellotas de la encina junto con las de otras especies de quercus, sirven de alimento de calidad en la crianza del cerdo ibérico, en las dehesas del sur de España.

La encina o carrasca es uno de los árboles más utilizados en los de huertos de trufas, creciendo estas en una asociación ectomicorrícica con las raíces del árbol.

Su tamaño y su sólido carácter perenne le confieren un imponente valor ornamental que lo hace apreciado en muchos entornos urbanos, parques y jardines.

El quercus ilex puede ser podado para formar un seto alto y es adecuado como cortaviento costero, en cualquier tipo de suelo siempre que tenga buen drenaje.

La miel de melaza de encina tiene propiedades astringentes y es rica en hierro, además las abejas también buscan el polen de sus flores.

Árboles Quercus ilex monumentales

La encina o carrasca más antigua de España, es la Encina Tres Patas de Mendaza, situada en Navarra, cuya edad se estima en 1.200 años.

En el pueblo norteño de Wardija, en Malta, hay una pequeña población de encinas de entre 500 y 1.000 años.

Entre los árboles monumentales de Italia se encuentra el llamado Ilici di Carrinu (Encina de Carlino), de 25 metros de altura, con una fronda que alcanza los 30 metros de diámetro, cuya edad se estima en unos 700 años.

Mitología y simbolismo

La encina representaba para las antiguas civilizaciones griega e itálica un árbol dotado de un relevante valor sagrado. Este valor fue positivo en la época arcaica de ambas civilizaciones, para ir adquiriendo poco a poco uno cada vez más negativo a medida que se desarrollaba la historia de Roma, hasta rodearse de un aura casi fúnebre. Su significado simbólico no se revalorizó hasta la Edad Media.

El griego Pausanias describe un bosque sagrado para Hera en el que crecían encinas y olivos de las mismas raíces. Ovidio, por su parte, narra que en la Edad de Oro las almas inmortales en forma de abejas descansaban en los amentos de la encina de la que manaba la miel. Según un antiguo mito romano, Egeria, la ninfa que inspiró al rey Numa Pompilio, vivía en el encinar situado en la base del monte Aventino.

Plinio el Viejo cuenta que las primeras coronas cívicas se hacían con las ramas de la encina, sustituidas después por otras de roble. Según Plinio, la encina más antigua de la ciudad se encontraba en el Vaticano, que ya era objeto de veneración religiosa desde la antigüedad, hasta el punto de que en este árbol había una inscripción de bronce en caracteres etruscos.

Plinio también escribe que: “Incluso los tiburtinos tienen un origen muy anterior al de Roma: en su territorio hay tres encinas aún más antiguas que Tiburno, el fundador de la ciudad, que según la tradición fue consagrado cerca de ellas”.

En las islas Jónicas, una leyenda (recogida por el poeta Aristotelis Valaoritis en el siglo XIX) cuenta que la encina fue el único árbol que aceptó prestar su madera para la construcción de la cruz; por eso los leñadores de las islas de Acarnania y Santa Maura temían contaminar sus hachas al tocar el “árbol maldito”.

Sin embargo, en los Dichos del Beato Egidio (el tercer compañero de San Francisco) se defiende el buen nombre de la encina cuando se relata que Cristo la prefirió porque fue el único árbol que comprendió que su sacrificio era necesario, como el del propio Salvador, para contribuir a la Redención. Y fue precisamente bajo la encina o carrasca donde el Señor se le aparecía a menudo a Aegidio.

Leyenda de la Virgen de la encina

La mitología y simbolismo que envuelve al árbol de la encina es amplia y variada. En mi tierra tenemos nuestra propia “leyenda de la Virgen de la Encina“, que está relacionada con los caballeros templarios.

La virgen de la encina es la patrona Ponferrada y la comarca del Bierzo y podemos encontrar su talla en la basílica de la encina. En su honor se celebra cada año, (el 8 y 9 de septiembre), las fiestas Ponferrada o fiestas de la Encina.

Esta virgen es conocida también como “la Morenica” debido al color de la talla y su peculiaridad reside en que es una de las pocas vírgenes negras que existen.

Según cuenta la leyenda, el obispo de Astorga, Santo Toribio, fue el responsable de traer esta Virgen desde Jerusalén, hasta la comarca del Bierzo en el siglo V. Posteriormente en el siglo IX, el monje San Genadio tomaría la decisión de esconderla para protegerla de los musulmanes.

La Virgen de la Encina permaneció varios siglos olvidada hasta que, en torno al año 1300 por casualidad, los templarios la redescubrieron en el interior del tronco de una encina.

Las obras del Castillo templario de Ponferrada requerían de grandes cantidades de madera y un ocho de septiembre, al talar una encina, ésta mostró la talla de la Virgen que contenía en su interior. Al no conocer su nombre y en alusión a su descubrimiento, pasó a llamarse Virgen de la Encina.

Leyenda o realidad, lo cierto es que la talla actual no es a la que se refiere la leyenda. La Virgen de la Encina que preside la Basílica que lleva su nombre, es del siglo XVI y está realizada en madera plateada.


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